Historia de la Moneda de El Salvador
Fichas, plata, bolas, chirilicas, morlacos, reales, maracandacas, pisto... en nuestro país, el dinero ha recibido diversos nombres populares, dependiendo de la época, factores culturales o hechos importantes. Ninguno es producto de la casualidad, y es que la moneda de El Salvador tiene su historia.



HACIENDO MEMORIA

En la antigüedad, solía medirse el valor de las cosas estableciendo una norma comparativa con respecto al objeto más codiciado del lugar. Esto hace compresible que nuestros ancestros precolombinos utilizaran el cacao como moneda, pues consideraban al chocolate como bebida de los dioses.

Si bien el trueque fue una forma de comercio que se conservó hasta el presente siglo, el uso de cacao como valor de cambio data desde el auge de la civilización Maya.

La unidad monetaria del cacao, por llamarla de alguna forma, era el Xontle, que estaba formado por 400 almendras de cacao. Para tener una idea de su valor, citaremos a Diego Fernández de Oviedo, conquistador y cronista español del siglo XVI: 1 conejo valía 10 almendras de cacao; un esclavo cien, más o menos.

Los españoles introdujeron el uso de su moneda: el Real. Sin embargo, el cacao siguió usándose, con una equivalencia de 200 almendras de cacao por 1 Real.


SURGE LA MONEDA

Las primeras monedas que circularon en nuestra tierra fueron acuñadas en España, hasta que en 1731, se fundó en Guatemala la primera Casa de la Moneda. Sin embargo, las monedas más usadas durante la Colonia fueron los llamados Macacos o Morlacos.

Los Macacos eran piezas de plata, de forma irregular, acuñadas en Perú y México en su mayoría, que se cortaban con tenaza y tenían grabadas las columnas de Hércules con la inscripción "Plus Ultra". Al ser tomadas en grandes cantidades, eran aceptadas por su peso en metal más que por su valor nominal.

Contemporáneo a los Macacos aparecieron las fichas de finca. Las fichas eran de latín, casi todas tenían forma circular y se diferenciaban por la grabación del nombre de la finca. De esa época provienen algunos de los nombres populares como plata, morlacos, fichas o maracandacas, con los que, hasta nuestros días, se denomina al dinero.

La declaración de Independencia de Centroamérica, también marcó el inicio de otra etapa en la historia de la moneda. Durante el período de la Federación Centroamericana, el sistema monetario colonial no cambió. El Peso de Plata siguió siendo la moneda principal, pero se acuñó la primera moneda regional cuyo objetivo fue conmemorar la Independencia.

Los primeros cambios ocurrieron algunos años después, cuando el gobierno decretó la acuñación de una moneda nacional en oro y plata. Las piezas de plata tenían una R que significaba Reales y las de oro tenían una E, por Escudo.

Los Macacos también se siguieron usando después de la Independencia, al grado que el 9 de julio de 1846 se estableció su curso legal.

En nuestro país, fue hasta 1883, bajo la Presidencia del doctor Rafael Zaldívar, que se decretó la Primera Ley Monetaria, adoptándose el Peso como Unidad y se descartó el sistema español de división del Peso en 8 Reales, estableciéndose por Ley el Sistema Métrico Decimal, donde el Peso equivalía a 10 Reales.


NACEN LOS BILLETES

A finales del siglo pasado se introdujo un cambio muy novedoso en el sistema monetario salvadoreño; aparecen los primeros billetes de banco. Esto debió haber sido impactante para la población salvadoreña de aquel entonces que estaba acostumbrada a las monedas de oro y plata, que de por sí poseían un valor.

El nombre de billetes de banco se debía a que la emisión estaba a cargo de bancos particulares autorizados por el Gobierno. Los primeros billetes en El Salvador fueron emitidos por el Banco Internacional, fundado en 1880. Le fue otorgado el derecho exclusivo de emitir billetes que debían ser recibidos en oficinas públicas.

Posteriormente se establecieron otros dos bancos de emisión: el Banco Occidental y el Banco Agrícola Comercial de esa época. A finales del siglo pasado hay que mencionar dos hechos muy importantes: el primero, fue la inauguración de la Casa de la Moneda, el 28 de agosto de 1892 durante la Presidencia del General Carlos Ezeta. El segundo hecho importante fue el 1 de octubre de 1892, cuando, como un homenaje a Cristóbal Colón en el IV Centenario del descubrimiento de América, el Poder Legislativo reformó la Ley Monetaria de 1883, cambiándole nombre a nuestra unidad monetaria, de Peso a Colón. Se decretó que su valor con respecto al Dólar fuera del 2 x 1.

Aunque la introducción del papel moneda significaba un gran avance, la mayoría de personas se resistía a dicho cambio. Para la gente de la época era dificil comprender que esos papeles llamados billetes valían, porque tenían un respaldo depositado en oro en los bancos emisores.

Los distintos gobiernos intentaron intentaron fomentar el uso de los billetes, pero siempre hubo resistencia y la plata y las monedas metálicas siguieron siendo el principal medio de pago en el país. El resto del mundo ya se había cambiado al papel moneda y cada vez la circulación de la moneda metálica era más limitada.

Era necesario modernizar el sistema de pagos en El Salvador, para poder competir en el nuevo concierto de naciones, que recién despertaban de la pesadilla de la Primera Guerra Mundial. Así, en 1919 en nuestro país se decretó la Segunda Ley Monetaria, que decía en su texto: "serán retiradas las monedas desgastadas por el manejo diario. Las piezas recortadas o perforadas no serán de curso legal". "Queda prohibido usar fichas, vales, etc., en sustitución de la moneda.

Esta contravención será penada por la Ley y quien los aceptare no tendrá acción civil para su pago". Y finalizaba diciendo: "el Ministerio de Hacienda tendrá el control de la circulación monetaria". Gracias al alza de los precios del café, El Salvador, vivió un auge económico en la década de los años 20. Pero la fiesta no duraría mucho. La Depresión mundial, la caída internacional de los precios del café y la falta de control en el sistema monetario salvadoreño, traería como consecuencia la mayor crisis económica de El Salvador.

El Salvador no tenía una institución que técnicamente se dedicara a velar por la estabilidad monetaria, ni por las actividades financieras. Esto creó un gravísimo problema; llegó un momento que el dinero circulante era escaso. La crisis económica fue el detonante de todos los problemas sociales y políticos que culminaron en los trágicos sucesos de 1932. Fue hasta el 19 de junio de 1934 que, a iniciativa del Poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa, emitió la Ley de Creación del Banco Central de Reserva de El Salvador.


LA PRIMERA FAMILIA DE BILLETES

El Banco Central desde 1934 tuvo como principal función, velar por la estabilidad monetaria de El Salvador. Es así como el 31 de agosto de 1934, el BCR pondría en circulación la Primera Familia de Billetes, en la historia de El Salvador, en las denominaciones de: uno, dos, cinco, diez, veinticinco y cien colones, a las cuales posteriormente agregó el de cincuenta colones en 1979.
Desde 1934, año en que el Banco Central emitió los primeros billetes, estos fueron modificándose por separado, cambiando un poco su diseño, o desapareciendo unas denominaciones y apareciendo otras nuevas, pero nunca volvió a emitirse una Familia completa de billetes.


SEGUNDA FAMILIA DE BILLETES

En 1997, sesenta y tres años después de aquella primera emisión de billetes, el Banco Central emite, la Segunda Familia de Billetes en la historia de El Salvador. Esta Nueva Familia de Billetes responde a la modernización del Estado y a las necesidades de todos los sectores del país. Los nuevos billetes son fabricados con papel de alta seguridad y de mayor calidad, para que conserven un buen aspecto con el correr del tiempo.

La Nueva Familia de Billetes cuenta con controles de seguridad de la más alta tecnología mundial en los billetes, para evitar en lo más posible la falsificación.

Han transcurrido más de 500 años, desde que nuestros antepasados usaban el cacao como su moneda, como su manera de medir el precio de las cosas. La evolución del sistema monetario salvadoreño ha caminado, a través de todos estos años, a la par de la transformación de nuestra economía, de nuestra sociedad y de la manera de ver el mundo que hemos tenido en las diferentes etapas de nuestra historia.

Hoy, de cara al nuevo milenio, los salvadoreños nos estamos modernizando para avanzar junto con el resto del mundo, hacia nuevos niveles de desarrollo humano y progreso en todos los campos de la vida.
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